Porque el mirar atrás nos lleva a llorar
La melancolía, lentamente se transforma en pena
Y la pena nos lleva a pensar en lo que pudo ser y no fue
En lo que pudimos hacer y no hicimos.
Compromiso momentáneo de alguien que no buscaba dar amor, mas bien un compromiso pasajero que pretendía conseguir placer y luego cerrar la puerta al amor, a la esperanza de tener nuevamente aquello que anhelas y ves tan lejano.
Levanta tu mirada y dirige tus ojos tristes al horizonte,
Donde el sol se esconde dejando una oscuridad que se hace cómplice del amor y la pasión, y donde la luna alumbra los cuerpos pálidos que se aman sin medida.
La pasión no se controla con el tiempo que nos queda, más bien se aprovecha del tiempo que no tenemos y hace que nuestros momentos juntos sean intensos porque pensamos en que nos queda poco.
Pero la pasión también tiene la capacidad de hacerte olvidar el poco tiempo que tienes, porque entre más intensa, más nubla tu conciencia para que no veamos la delgada línea que hay entre la pasión y la responsabilidad.
La pasión, esa caprichosa que hace y deshace a su antojo, que une nuestros cuerpos formando uno solo, que no le importa si hay algo más allá de ese momento. A ella sólo le interesa hacer que ese momento intenso se viva y se disfrute con frenesí, sólo quiere ver la obra de sus manos y reir a carcajadas cuando la euforia estalla provocando esa nube de placer que, en los días siguientes, nos hacen soñar despiertos y desear que se vuelva a repetir.
Tendidos, abrazados, empapados de pasión y ese toquecito de lujuria que siempre estuvo presente para darle el toque de sabor dulzón, pero narcótico que nos elevó a las nubes y, en un momento único pudimos ver al Creador de toda esa pasión y desenfreno.
No sé tú, pero yo veo esto como el inicio de muchos momentos de éxtasis que nos llevarán a las nubes, una droga que suavemente se apodera de los sentidos y no deja más opción que volver a amar.
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