Porque el mirar atrás nos lleva a llorar
La melancolía, lentamente se transforma en pena
Y la pena nos lleva a pensar en lo que pudo ser y no fue
En lo que pudimos hacer y no hicimos.
Compromiso momentáneo de alguien que no buscaba dar amor, mas bien un compromiso pasajero que pretendía conseguir placer y luego cerrar la puerta al amor, a la esperanza de tener nuevamente aquello que anhelas y ves tan lejano.
Levanta tu mirada y dirige tus ojos tristes al horizonte,
Donde el sol se esconde dejando una oscuridad que se hace cómplice del amor y la pasión, y donde la luna alumbra los cuerpos pálidos que se aman sin medida.
La pasión no se controla con el tiempo que nos queda, más bien se aprovecha del tiempo que no tenemos y hace que nuestros momentos juntos sean intensos porque pensamos en que nos queda poco.
Pero la pasión también tiene la capacidad de hacerte olvidar el poco tiempo que tienes, porque entre más intensa, más nubla tu conciencia para que no veamos la delgada línea que hay entre la pasión y la responsabilidad.
La pasión, esa caprichosa que hace y deshace a su antojo, que une nuestros cuerpos formando uno solo, que no le importa si hay algo más allá de ese momento. A ella sólo le interesa hacer que ese momento intenso se viva y se disfrute con frenesí, sólo quiere ver la obra de sus manos y reir a carcajadas cuando la euforia estalla provocando esa nube de placer que, en los días siguientes, nos hacen soñar despiertos y desear que se vuelva a repetir.
Tendidos, abrazados, empapados de pasión y ese toquecito de lujuria que siempre estuvo presente para darle el toque de sabor dulzón, pero narcótico que nos elevó a las nubes y, en un momento único pudimos ver al Creador de toda esa pasión y desenfreno.
No sé tú, pero yo veo esto como el inicio de muchos momentos de éxtasis que nos llevarán a las nubes, una droga que suavemente se apodera de los sentidos y no deja más opción que volver a amar.
miércoles, 19 de diciembre de 2012
carta a mi misma!
Hace tiempo que te lo quería decir, pero por circunstancias que seguramente no vienen al caso he estado un poco desconectada, pero que sepas y tengas en cuenta que te detesto.
Te desteto por tu estúpida forma de relacionarte con los demás, por el rol que ocupas en tu miserable círculo de seres parecidos a ti. Por como vives cada día consumiendo cualquier cosa que dan por el electrodoméstico más importante de tu horripilante casa: la televisión. Detesto que te atrevas a recomendarme algún libro, porque es uno más que debo eliminar de mi lista de “pendientes”. Lo mismo sucede con el cine. La música. Te detesto. Te desteto tanto, que compartir mesa contigo elimina mi voraz apetito. Desteto tu vulgar forma de expresarte, tus ademanes, el muro de tu mirada. Tu forma de interpretar las telas que te visten.
Desteto tu desidia, tu rutina, tu falta de coraje ante lo mal que te trata la vida. Desteto la inercia que domina tu cotidianidad, que confundas la tranquilidad con el aburrimiento. Te detesto por tu bandera: la ignorancia, aunque aún así opines de todo. Pero lo que más desteto es que pienses que cuando me río, lo hago contigo.
Te desteto por tu estúpida forma de relacionarte con los demás, por el rol que ocupas en tu miserable círculo de seres parecidos a ti. Por como vives cada día consumiendo cualquier cosa que dan por el electrodoméstico más importante de tu horripilante casa: la televisión. Detesto que te atrevas a recomendarme algún libro, porque es uno más que debo eliminar de mi lista de “pendientes”. Lo mismo sucede con el cine. La música. Te detesto. Te desteto tanto, que compartir mesa contigo elimina mi voraz apetito. Desteto tu vulgar forma de expresarte, tus ademanes, el muro de tu mirada. Tu forma de interpretar las telas que te visten.
Desteto tu desidia, tu rutina, tu falta de coraje ante lo mal que te trata la vida. Desteto la inercia que domina tu cotidianidad, que confundas la tranquilidad con el aburrimiento. Te detesto por tu bandera: la ignorancia, aunque aún así opines de todo. Pero lo que más desteto es que pienses que cuando me río, lo hago contigo.
la "última" vez
La última vez que viste a tu mejor amigo del colegio. La última vez que estuviste en aquel bar, de aquel país asiático. La última vez que saboreaste aquel licor. La última vez que te besó…
A diario nacen y mueren situaciones que jamás volverán a repetirse, pero la inconsciencia de ello hace que no se viva en una constante y dramática despedida.
En cambio, otras veces. Otras tantísimas veces, si somos conscientes de que “esa” será la última vez. Y vivimos la angustia del preludio, tratando de aferrarnos a las sensaciones para transformarlas en detalladísimos recuerdos que deformaremos con el tiempo a nuestro antojo, para ser menos infelices. Para inventar, al menos, el pasado.
No obstante, sucede también que la consciencia de la última vez, si ésta es previamente decidida, puede ser gratificante. Como cuando el preso vive despierto la noche previa a su liberación, porque su última vez es el comienzo de una vida sin contar los días.
A diario nacen y mueren situaciones que jamás volverán a repetirse, pero la inconsciencia de ello hace que no se viva en una constante y dramática despedida.
En cambio, otras veces. Otras tantísimas veces, si somos conscientes de que “esa” será la última vez. Y vivimos la angustia del preludio, tratando de aferrarnos a las sensaciones para transformarlas en detalladísimos recuerdos que deformaremos con el tiempo a nuestro antojo, para ser menos infelices. Para inventar, al menos, el pasado.
No obstante, sucede también que la consciencia de la última vez, si ésta es previamente decidida, puede ser gratificante. Como cuando el preso vive despierto la noche previa a su liberación, porque su última vez es el comienzo de una vida sin contar los días.
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