miércoles, 16 de febrero de 2011

niñita mala

De siempre te ha gustado la idea de “La niñita” pequeño pervertido. Te gustaba que me peinase con trenzas, verme comer un helado, o sentada en el suelo, con las piernas cruzadas como si fuese una niña.

Recuerdo el día que decidí hacerte un regalo. Me “disfracé “ para ti. Una blusa blanca, una minifalda escocesa, unas trenzas, una paleta...... y te volviste loco. Los dos nos metimos en un papel, tu eras el profesor y yo la alumna díscola que te tenía siempre excitado. La representación fue tan real.....

Arrancó cuando te di a probar la paleta...... conociste su sabor a través de mis besos.  Nunca olvidaré tu expresión de intenso deseo. Jamás me habías mirado así, y eso que no te cortabas en tus miradas concupiscentes..... Me encantó. Me dio alas, y seguí siendo tu diabólica alumnita, mala estudiante la encarnación del pecado.

Guiaste mis manos hacia tu sexo. ¡Cómo tensaba la tela! Estabas durísimo, lleno de deseo. Me arrancaste la blusa, frotaste la paleta contra mis pezones, y la comiste a través de mi piel. Yo desabroché el botón de tus pantalones, y bajé la cremallera con los dientes. Estaba deseando comértelo. Deseaba ver tu sexo, tocarlo, acariciarlo...... Cuando lo tuve ante mí te miré a los ojos. Rocé la suave piel delglande con las yemas de mis dedos, escuché tu gemido, y decidí hacerte sufrir un poco. Me arrodillé ante ti, sólo con la falda de colegiala y las trenzas, y me dediqué a castigarte, rozando tu miembro con la punta de la lengua y alejándome de ti. Quería que me suplicaras que  lo hiciera. Jugué un ratito, pero decidí que sería más divertido tirarme en la cama boca abajo y no moverme..... Te tumbaste sobre mi espalda, besándome la nuca, metiendo las manos por mis costados para alcanzar mis pechos..... me dejé, pero me aparté. Y esta vez sí, situada entre tus piernas, cogí tu miembro y lo hice desaparecer taaaaaaaaaaaaaaan despacio entre mis labios que apenas parecía moverme. Convertí mi boca en terciopelo líquido para tu miembro. De vez en cuando, me lo sacaba para susurrarte *Mírame....*. Aunque tú no me sacabas los ojos de encima, todo hay que decirlo. Me quitaste las cintas que sujetaban mi pelo en dos trenzas, y jugaste con mi cabello ya suelto. Me levanté, me situé a tu lado y te pasé el pelo desde los hombros hasta los pies. Y entonces, se me
ocurrió...... hablando de pies...... decidí darte un muuuuuuuy sensual masaje, recorriendo las plantas con las yemas de mis dedos, presionando los puntos donde se reflejan todas las partes del cuerpo... pero decidí utilizar también la lengua. ¡Me excitó tanto tu gemido, mi amor...! Seguí masajeando tus piernas (siempre con las manos y la lengua), hasta regresar a
tu sexo. Volví a acariciarlo con la boca. A veces bajaba hasta tus testículos, mientras mis dedos buscaban el punto que hay justo debajo de ellos, y presionarlo suavemente. “Ven... ven, si sigues vas a conseguir que me vaya, y no quiero hacerlo aún”... Me tumbaste en la cama y me dijiste... “ Has sido una niña muuuuuuuy mala, mira lo que has conseguido... Ahora vas a ver tú lo que es bueno... “ Y me fuiste besando desde el nacimiento del cabello, descendiendo con dulzura, excitándome más y más... Y eso que ya lo estaba!!! Pensé que me quitarías la falda, para no tener obstáculos, pero debía de ser un afrodisíaco muy poderoso para ti, porque te limitaste a subirla. Tus besos en mi sexo hacían que quisiera retorcerme de placer, pero no me dejaste. Me tenías aprisionada... y era muy fuerte lo que me estabas haciendo sentir... mmmmmmm...tan fuerte... me dejabas sin aliento, quería más, más y más... Y lo tuve, exploté bajo tu lengua, que me había estado atacando inmisericorde... Tu ego, todo hay que decirlo, subió como la espuma, al ver que me habías rendido... Reptaste sobre mi cuerpo, y entraste tan despacito en él... Poco a poco empezamos a movernos, me diste la vuelta, y quedé cabalgándote, subiendo y bajando rítmicamente sobre tu sexo, que me estaba volviendo loca. Tus manos sujetaban mis caderas fuertemente, y te veía observar el triángulo oscuro por el que nuestros cuerpos se unían... “Ven, nena, levántate... y arrodíllate”. Me tomaste de nuevo, esta vez de manera canina... tenía que girar la cabeza para poder mirarte. Me estabas dando tanto placer que dejé caer la cabeza en la cama mientras estaba a punto de correrme otra vez al sentir cómo me dabas azotes, “por mala”. Mordí con fuerza la almohada para callar los gemidos (bajitos y calentones) que salían de lo más hondo de mí. El orgasmo era increíble, no podía dejar de temblar... Era desaforado, intenso, burbujeante, de colores...

Todavía estaba bajo sus efectos cuando sentí que tu también te estremecías, y te derrumbabas sobre mí. Permanecimos así, quietos, tendidos, tú sobre mi espalda, durante un buen rato, jadeantes, llenos de placer... Te levantaste para situarte a mi lado...*Gracias, mi pequeña Lolita... nunca me habían hechoun regalo tan bonito...*

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