Recuerdo aquel primer encuentro como si fuera hoy, y ya hace de él varios años, no puedo olvidar aquellos días de nuevas experiencias, de confidencias, caricias, besos, deseo...
Sandra y yo éramos grandes amigas, nos lo contábamos todo y lo hacíamos todo juntas, aquel verano todo entre nosotras cambiaría, compartiríamos más de lo que en un principio quisimos compartir, pero nos dimos, en cuerpo y alma.
Era una época mala, dos adolescentes locas y enamoradas, ella lo estaba por un amor imposible y yo de un amor que con el tiempo se convirtió en platónico y en una gran amistad, la diferencia entre Sandra y yo era latente, era ella una chica explosiva, pelo largo negro, rizado, unos ojos marrones almendrados y rasgados como no he vuelto a ver, unos labios carnosos, rosados y con un brillo natural, un cuerpo precioso, para el resto de la humanidad menos para ella, alta, de altura envidiable para muchas 1´76, 52 kilos de peso y unas curvas de vértigo, y yo... pues era una chica más, con el tiempo he cambiado, pero por aquel entonces lo único que llamaba la atención de mí, eran esos ojos vivarachos y mi cara seria ante toda circunstancia, Sandra era puro sentimiento y yo..., pues yo.
Sandra estaba pasándolo mal, porque yo siempre he sido la amiga de todos los chicos, he sido una más en el grupo de machitos, y bueno, pues, mi mejor amigo era el amor de ella, él me contaba que no quería nada, yo no podía más que decirle a mi amiga que esperara que el tiempo hacía ver las cosas, si el tiempo hizo ver, que mi mejor amigo me amaba a mí, pero para aquel entonces todo había cambiado entre ella-yo, ella-él..., en vacaciones, nos fuimos a la playa, a su casa, las noches eran largas y nuestras conversaciones infinitas, una noche Sandra estaba demasiado mal, estaba bulimica por aquello, tenía grandes problemas y solo estaba yo para ayudarla en lo que podía, pues aquella noche me pidió que me fuera a la cama con ella, que la abrazara, porque tenía frío mucho frío, yo estaba muy preocupada, y no hice más que darle abrigo, me metí en la cama, y ella empezó a decirme que no quería vivir, que Miguel no la quería y que ella lo amaba, yo empecé a reconfortarla, a darle mi punto de vista ante la situación, siempre he creído que por un amor roto no se acaba el mundo..., no se que pensó, no se que pasaría por su cabeza, pero comenzó a tocarme el cuello, a acercar su boca a mis labios, para solo dejar notar el calor de su aliento cerca de mí, yo no sabia que hacer, solo la dejaba exponer sus deseos, pensando que en el momento indicado ella notaría lo que hacía y terminaría por ceder en el intento de besarme, yo me di la vuelta, le di la espalda y me pidió que no lo hiciera que la abrazara, lo hice, la sentí cada vez mas cerca de mí y su respiración cada vez más agitada, éramos inexpertas en todo, éramos unas niñas, ella me pidió que la besara, que aprendiéramos a besar juntas, aquello me dio pánico, miedo... pero sus caricias, sus amagos por acercar sus labios a lo míos, nos hizo fundirnos en un beso eterno, en el que descubríamos cada recodo de nuestra boca, donde saboreábamos los labios, nos besábamos apasionadamente y sabíamos quien éramos y que era lo que hacíamos, tras el beso llegaron otros mucho, y sentía como se estremecía al notar mi lengua con la suya, al jugar con nuestras manos, cuando nos dimos cuenta estábamos las dos desnudas en su cama, en aquella cama que había sido cómplice de tantas confidencias.
Una vez desnudas, abrazadas, y unidas por esos besos apasionados, ella comenzó a tocar mi pecho, lo tocaba con una sensibilidad enorme, con unas ganas contenidas, que la hacían vibrar de deseo, inició un descenso por mi cuello, besándolo, lamiéndolo, haciendo suyo cada átomo de mi cuerpo, se centró en mi pecho, hizo con el lo que deseaba, jugó, mordió, lamió, absorbía mis pezones como si en ello consiguiera un líquido que le saciara la sed que ella tenía, yo no sabía que hacer solo me gustaba, volvió a mi boca, y fue cuando en un arranque de deseo, metió su pierna entre las mías, su cuerpo ardía a la par que el mío, nos deseábamos, queriendo saciar un deseo no correspondido, por esas nuestras personas amadas, mi sexo rezumaba el más divino fruto del deseo, ella frotaba mi clítoris una y otra vez con su pierna y me decía al oído, ¡te noto!, ¡te deseo como nada en el mundo, quiero saborearte, quiero saber lo que hay dentro de tí!, tras esa palabras bajó su mano lentamente, deleitándose, de aquel mi cuerpo, que para nadie era interesante, pero que a ella, le parecía tan lindo, bajó hasta llegar a mi pubis, que ella, en días anteriores había depilado con mucho esmero, me tocó, y mojó sus dedos de mí, se los llevó a la boca, y nos unimos en un beso, su boca, la mía y sus dedos untados de mi, era una locura, pero una locura que nos hacia retozar de placer, volvió a bajar, y tocó mi clítoris, de forma dulce, pero con ganas de saber que encontraba dentro de mí, así que sin pensarlo introdujo un dedo, la sensación era nueva y pareció darle miedo, lo sacó y entonces fue cuando yo decidí hacer lo que ella no podía, la coloque sobre la cama boca arriba, y saboreé cada rincón de aquel cuerpo por muchos deseado y por los que muchos había conseguido mediante otros métodos calmar su deseo pensando en ella, ahora era yo la que disponía y yo la que deseaba cumplir aquella hazaña, toqué su pecho, aquel pecho, no grande, pero tan bello, hice que en cada beso, en cada gesto ella se fundiera, se hacía cada vez, más íntimo, más nuestro y decía cosas que ni ella misma, a la mañana siguiente, creía reales, me pedía que la "foll..", que la hiciera mía, que consiguiera que se corriera en mi boca, yo no podía más que hacer reales sus deseos, y bajé hasta su sexo sediento dé mí, estaba ahí en la parte más intima de mi mejor amiga, deseando hacer lo que jamás había pensado, así que sin más, con una mano tocaba su barriguita, su pecho y con la otra, tocaba su clítoris, aquel clítoris, que antes de poder hacer nada, estaba duro, hinchado, tan caliente que me daba miedo, me mojé dos dedos en su propio flujo y en dos caricias ella se corrió la primera vez, era increíble como su cuerpo se estiraba y como sus piernas daban reflejo de unos calambres de placer, me dijo que no parara, que quería volver a sentir aquello, así que metí dentro de ella un dedo, y se estremeció cogió mi mano, yo pensaba que para que la sacara, pero no, ella decidía el movimiento con su mano me obligaba a penetrarla con mis dedos, metí un dedo más y parecía que se quedaba extasiada, a veces hasta me daba miedo, pero ella lo deseaba, tras meter y sacar durante un buen rato mis dedos de si vagina, me decidí a lamer su clítoris y a meter mi lengua dentro de ella, y fue ahí cuando se corrió por segunda vez, su flujo en mi boca, tan aliente, tan rico, y como su sexo se abría y se cerraba con aquellos movimientos incontrolados... ahora era ella la que quería probar, lo hizo como lo hice yo, pero se masturbaba a la vez que me lo hacía a mí, y consiguió un tercer orgasmo que para mí era increíble, no se si era tanto deseo acumulado, pero esa niña se fundió conmigo y llego a un cuarto y último orgasmo, cuando decidí meter mis dedos en su ano, tenia miedo, pero yo lo deseaba, así que lo hicimos, metí dos dedos en su vagina y uno en su ano mientras ella tocaba su clítoris, haciendo unos movimientos extenuadores de placer, fue entonces, ya casi en la mañana cuando nos fundimos en un abrazo, un abrazo de amigas que se habían hecho un favor de algo que tanto necesitaban.
Fue maravilloso, aun lo recuerdo y me hace sentir cosas inusitadas, aquella amistad se perdió, Sandra y yo tuvimos algun que otro encuentro más, nos regalamos miles de caricias, besos, y sentimiento, pero tod se perdió sin más, aquellas dos niñas jugaron a ser mayores sin pensar en lo que perdían en el camino.
Hoy ella tiene pareja, hace 4 años que está con su novio, y yo he tenido un par de parejas y ahora estoy enamorada de mi chico como jamás lo estuve antes de nadie.
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