En mi sueño todo era oscuro –al principio-, luego se fue tornando tan colorido como el arco iris, o más bien, tan colorido como un caleidoscopio. Infinidad de imágenes cobraron forma cadenciosamente, afinándose, como vitrales que se diluyen hasta convertirse en fotografías .
Apareció una enigmática mujer desnuda. Primero pensé que era una completa extraña, pero después su rostro y su cuerpo comenzaron a cambiar constantemente mientras se me acercaba. Algunas combinaciones me resultaron conocidas, otras no. No me decidía por una configuración, por lo que me puse a adelantar y retroceder incesantemente la serpentina de opciones que mi inconsciente me ofrecía; era como tratar de sintonizar una estación de radio decente, sin locutores estúpidos, mientras se conduce por la mañana.
Finalmente, tanto el cuerpo como la cara de la chica dejaron de oscilar. El resultado combinó de maravilla, como un buen vino y un cigarro. Mi deseo se desató. Sólo tenía unos minutos antes de que mi malagradecida mente identificara que se trataba de un sueño; separara lo lógico de lo absurdo, y me trajera de vuelta a la inclemente realidad.
Comencé a recibir las sensuales y atrevidas caricias por parte de mi onírica musa. ¡Umm! Mi gozo se hizo evidente, mi respiración se agitó, mi corazón comenzó a tamborilear. De pronto… ella me miró sensualmente a los ojos, yo, sentí vergüenza, me sonrojé. Apareció un fuerte y cálido rubor en mi rostro, demasiado caliente para ser un rubor normal. ¿Castigo de Dios? Todo se tornó rojo, muy brillante, intensificándose hasta llegar a un tono anaranjado.
Abrí los ojos con dificultad, convaleciendo ante una intensa luz que me encandiló. Mi novio había abierto las cortinas de la habitación. “¡Buenos días, mi amor! ¡Mira qué hermoso día!”, me dijo sonriente. Su ridículo y febril optimismo me dio asco. Jamás lo había odiado tanto, así como jamás había maldecido tanto un nuevo día. Giré mi cabeza levemente y de nuevo el brillo cegador me abofeteó. ¡Maldito rayo de sol!
No hay comentarios:
Publicar un comentario