lunes, 14 de febrero de 2011

así nos reencontramos

Cuando decidiste terminar conmigo, porque según tú amabas a otra, sentí como si se me hubiese acabado el mundo. Te extrañaría.


Extrañaría nuestras noches de pasión. Pero por sobre todas las cosas, extrañaría ver tu rostro cada mañana al despertar. Nuestros juegos locos cuando nos mojábamos y tirábamos la comida.

Mis días sin ti fueron pasando lentamente, imaginando que podrías estar entre sus brazos...

A decir verdad, no estaba segura de eso, pero de lo que sí estaba segura era de que, de estar con ella, no sentirías la misma pasión y tus orgasmos no serían tan intensos como los que sentías conmigo.

Lloré, lo admito, porque eres el hombre  de mi vida. Pero también es cierto que siempre procuré tu felicidad, y si esta estaba a su lado, entonces no había nada que hacer.

Estaba pensando en eso cuando sentí golpear la puerta. Mi corazón se aceleró puesto que sabía que eras tú; sabias lo molesto que era para mí el ruido del timbre y, si no lo habíamos desconectado, era porque estábamos seguros de que en caso de emergencia lo podríamos necesitar. Por suerte no recibíamos muchas visitas!

Abrí la puerta y, al verte con los ojos llorosos, no pude evitar soltar el llanto.

No nos dijimos nada. Sólo nos abrazamos fuertemente y sentimos latir nuestros corazones.

No había nada que decir. No me importaba lo que había pasado con ella, sólo me importaba que estabas aquí, conmigo.

Como siempre nuestros ojos interpretaban nuestros sentimientos y deseos más profundos.

Nuestras bocas no tardaron en buscarse la una a la otra. Como siempre, esto encendía el fuego y no tardamos en enredarnos como siempre: tus manos en mis caderas, mis brazos alrededor de tu cuello y mis piernas cruzadas detrás de tu espalda.

Caímos sobre el sofá! Ese sofá que, si pudiese hablar, no podríamos recibir visitas.

Poco a poco nuestras prendas fueron cayendo al suelo, hasta quedar como nos encantaba: desnudos, descubriendo el cuerpo del otro, enredados y saboreando cada parte del cuerpo del otro.

Generalmente, después de estos juegos, nos íbamos a nuestro cuarto a continuar con lo que habíamos empezado en la sala. Pero esta vez no fuimos capaces de movernos de ese lugar. La única distancia que recorrimos fue desde el sofá hasta la alfombra.

No nos importaba nada. Habíamos olvidado que habíamos decidido olvidarnos para siempre. En ese instante parecíamos tener una especie de amnesia que nos hizo olvidar el motivo que nos había alejado del otro.

Sólo éramos tú y yo entregados a la pasión desenfrenada que siempre nos caracterizó.

Cada caricia, cada movimiento, era como una ida al paraíso. No era solamente sexo frenético. Era amor, erotismo, pasión, lujuria y cada gemido aumentaba el nivel de excitación.



Después del orgasmo en el que los dos estallamos en llanto, nos dimos cuenta de que el estar alejados ese tiempo, sólo nos sirvió para darnos cuenta de que no podríamos vivir el uno sin el otro.



Y ahí nos quedamos, abrazados, explorando cada lugar de nuestros cuerpos, hasta que, sin dudarlo, nos miramos a los ojos y nos dijimos: Te Amo.
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
 
mi momento cursi de un 14 de febrero xD

No hay comentarios: